CAJAMARCA
Hablar de Cajamarca es hablar de uno de los momentos cruciales en la historia de la colonización española, ya que fue en esta ciudad donde Pizarro capturó al último gobernador Inca, Atahualpa. Éste acababa de capturar a su hermano Huáscar después de una sangrienta guerra civil que Atahualpa había provocado tras reclamar a su hermano, el legítimo inca, el dominio del Tawantisuyo (el imperio incaico).
Cuando Atahualpa se dirigía victorioso al Cusco le llegó la noticia de la entrada por el norte de unos extranjeros. Atahualpa se entrevistó con Pizarro en Cajamarca y no queriendo aceptar las pretensiones de los españoles, fue capturado y encerrado en el habitáculo conocido como ‘cuarto del rescate’. Atahualpa prometió llenar 2 cuartos de plata y 1 de oro hasta la altura de su mano alzada a cambio de su libertad.
Y así fue, por 3 veces el cuarto fue llenado hasta la marca, pero finalmente la codicia española fue superior, y la historia terminó con Atahualpa ejecutado y Pizarro avanzando hacia el Cusco sin oposición ni resistencia.
Cajamarca es una pequeña ciudad colonial ubicada en un frondoso y fértil valle donde no falta el agua y rodeado de montañas que ofrecen excelentes vistas sobre la ciudad.
La fuente castiza de su Plaza de Armas,
las iglesias de todas las órdenes religiosas esparcidas por toda la ciudad,
los angelitos sosteniendo las exuberantes cúpulas cristianas que se elevan hacia un cielo que no han conseguido alcanzar,
explican calladamente en Cajamarca más que en ningún otro lugar, esa misma historia que a lo largo de toda la geografía latinoamericana hemos ido escuchando, aprendiendo, interiorizando hasta la saciedad, hasta dejarnos hartos de ser herederos de un hecho histórico que costó tan alto precio a las civilizaciones prehispánicas.
El principal punto de interés cercano a Cajamarca es el valle de Cumbe Mayo, una zona de espectaculares formaciones rocosas, con túneles y cavernas, y donde se hallaron lugares ceremoniales incas.
A medida que vas bajando por el valle las agujas y formas caprichosas de las rocas van sorprendiendo al viajante.

Pero lo más impresionante es seguir el curso de la canalización que los incas esculpieron directamente en las rocas y el terreno con el fin de hacer llegar el agua de las lluvias a la ciudad. Es admirable como supieron aprovechar los enormes canchales que componen la geografía del valle y elaborar sistemas de frenado del agua a través de estrechamientos del canal que conseguían gracias a la construcción de ángulos rectos que labraban en las mismas rocas.
No quisimos irnos de Cajamarca sin visitar los populosos baños del Inca, donde se combinan la visita a los restos arqueológicos de un lugar tan emblemático históricamente (ya que es el lugar donde Atahualpa y sus hombres descansaron la noche antes de entrevistarse con Pizarro),
con el uso relajante de sus aguas termales en piscinas individuales y privadas construidas en la actualidad.
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